lunes, enero 23, 2006

Páncreas y Diabetes

El páncreas es una glándula merocrina (posee dos tipos de secreción: exocrina y endocrina), es del tamaño de la mano, alargado, de forma cónica; que se ubica por detrás y por debajo del estómago. Posee dos sectores de las células bien diferenciados: las que cumplen la función exocrina (vierten su secreción, el jugo pancreático, en el intestino delgado) y, otras células, que forman los islotes de Langerhans, cumplen con una función endocrina (segregan importantes hormonas: la insulina, el glucagón y la somatostanina).
Insulina: es producida por las células beta. Facilita la entrada de glucosa a las células, estimula su transporte hacia las células hepáticas, musculares y adiposas, interviene en el metabolismo de los hidratos de carbono, lípidos y proteínas y contribuye a la formación de glucógeno en el hígado (glucogenogénesis). Además, la insulina disminuye la glucemia; por eso se dice que es una hormona hipoglucemiante.
Glucagón: estimula la ruptura de la molécula de glucógeno, por lo que se liberan moléculas de glucosa en la sangre (glucogenólisis) y estimula la síntesis de glucosa en el hígado (gluconeogénesis). Es una hormona hiperglucemiante (aumenta la glucemia); y es producida por las células alfa.
Somatostanina: interviene en la regulación de la glucemia, debido a que inhibe la secreción de insulina y de glucagón. Las células delta producen esta hormona.

La diabetes es una enfermedad que dificulta la utilización correcta de la energía contenida en los alimentos, en especial de los azúcares. Aproximadamente dos millones de personas la padecen en Argentina, y la mitad de ellos no lo sabe. Ocasionalmente produce síntomas desde su inicio y otras veces no presenta ninguno y pasa totalmente inadvertida.
Cuando una persona normal ingiere en su alimentación azúcares, proteínas y grasas, el alimento es digerido en el estómago y absorbido en el intestino delgado. Luego llega al hígado, donde una parte se transforma en glucosa, que entra en el torrente sanguíneo y hace que el páncreas produzca insulina. La insulina permite que la glucosa entre en las células y produzca calor y energía. Al alimentarse una personas diabética, el páncreas no produce la insulina necesaria para que esta glucosa entre a las células, produciéndose una acumulación o aumento de azúcar en la sangre (glucemia elevada; denominada hiperglucemia). Entonces el organismo consume grasas y proteínas para obtener energía.
Los síntomas que pueden indicar la presencia de diabetes en una persona son: fatiga, debilidad, pérdida de peso sin explicación, sed intensa, aumento del apetito, orina frecuente, problemas de visión, cicatrización lenta de las heridas, piel seca, picazón, infecciones en la piel, encías, aparato genital o urinario, calambres, dolores en las piernas, impotencia en el hombre y falta de lubricación vaginal en la mujer.
Ante cualquier duda o inquietud, no dude en acudir a su médico.
Existen dos tipos de diabetes:
Tipo I:
También se la denomina insulino-dependiente y diabetes juvenil. La padecen del 5 al 10% de los diabéticos. Con mayor frecuencia, se presenta durante la infancia o la adolescencia y, aquellos que la padecen requieren la administración diaria de insulina para que el cuerpo pueda absorber los alimentos.
Se produce cuando el sistema inmunológico ataca a las células beta, y una vez que éstas se dañan, el páncreas queda imposibilitado para generar insulina y así se produce una hiperglucemia.
Los síntomas aparecen de forma brusca; los más comunes son: cansancio o debilidad, apetito exagerado (polifagia), sed intensa (polidipsia), visión borrosa o cambios de la visión (todos secundarios al aumento de glucosa en la sangre). A su vez, el riñón no alcanza a filtrar la alta cantidad de glucosa que circula en la sangre, y entonces la elimina a través de la orina. Así, otro de los síntomas es la orina frecuente, llamada poliuria, que suele deshidratar y producir sequedad en la piel. En algunas ocasiones hay calambres en las piernas, sensación de hormigueo o pies dormidos.
Tratamiento: aplicación de insulina en las dosis y frecuencias indicadas por el profesional. No es posible reemplazar las inyecciones por medicamentos de administración oral porque los ácidos del estómago neutralizan la acción de la insulina.
Tipo II:
Se la denomina no insulino-dependiente. Este tipo de diabetes está relacionada con la herencia; se ha comprobado que si el padre o la madre tienen diabetes hay un 25 a 30 % de posibilidades de que los hijos también la contraigan. Anteriormente, se decía que era la “diabetes del adulto”; sin embargo puede desencadenarse a raíz de infecciones, operaciones, embarazo, menopausia, crisis emocionales o incrementos de peso.
Es padecida por alrededor del 90% de los diabéticos. Debe destacarse como un factor que precipita la diabetes a la obesidad, por producir insulinorresistencia (más del 80% de los diabéticos tipo 2 tienen obesidad antes de desarrollar esta enfermedad). Una persona que tiene familiares diabéticos (predisposición) debe evitar ser obesa.
Las células beta del páncreas producen insulina, pero algo impide al organismo utilizarla para facilitar la entrada de la glucosa a los tejidos, situación denominada insulino-resistencia. Aunque el páncreas produce cada vez más insulina, ésta no puede actuar correctamente y no puede evitar la hiperglucemia.
Los síntomas son muy parecidos a los de la Diabetes tipo I, pero generalmente suelen presentarse de manera más leve: cansancio, aumento de apetito, pérdida de peso en algunos casos, hiperglucemia, visión borrosa, sed excesiva, micción frecuente, disminución de las defensas (resfríos que no se retiran, infecciones a repetición), disfunciones sexuales, cambios de ánimo.
Tratamiento: plan de alimentación equilibrado que permita mantener un peso adecuado, y con un programa físico adecuado. En algunos casos, el médico puede indicar medicación hipoglucemiante en forma oral, reservando las inyecciones de insulina para situaciones como embarazo, intervenciones quirúrgicas, infecciones, entre otras.